Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora». Eclesiastés 3:1

En la vida nos son entregadas muchas cosas y otras nos son quitadas, algunas veces, sin razón alguna. Nos toca descubrir en medio de los procesos qué fue lo que pudimos aprender, cuánto maduramos y cuán fuerte fuimos para seguir caminando.

En estos días me toca despedir a un pequeño y blanco amigo canino que me ha acompañado por cinco años. Su nombre es Spike y es un perrito maravilloso. En medio de esta situación, sentí cómo el Padre usó esta experiencia para hablarme. Muchas veces no valoramos pequeños detalles y los pasamos por desapercibidos; momentos hermosos y recuerdos vividos que aportan tanto a nuestras vidas. En medio de nuestros días agitados y ocupados, nos olvidamos de prestar atención a lo que Dios puso en nuestras vidas para bendecirnos. Hablo de esposos, hijos, padres, hermanos, familia, amigos, pastores, trabajo, estudios, hogares, etc.

Cuando dejamos de atender lo que Dios puso para bendecirnos, lamentablemente es como si estuviéramos dando un mensaje de: «Me lo diste, pero, ¿sabes qué? No lo quiero». Cuán peligroso es olvidarnos de agradecer y honrar a los que nos rodean. Cuán peligroso es no agradecer el trabajo que tenemos aunque no se tenga el salario más alto. Cuán peligroso es no agradecer el ver a nuestros hijos despertar cada día o el poder dormir junto al ser que amamos. Es triste cuando olvidamos honrar a nuestros líderes o pastores; aún más, cuando no honramos ni siquiera a nuestros padres. El dar por sentado algo es peligroso. No decimos «gracias» o «te amo» porque «ellos ya lo saben» y lo das por hecho.

Cuánto más cuando Dios derrama tanto sobre nuestras vidas y ni siquiera somos capaces, muchas veces, de detenernos y darle adoración por sus bondades. ¿Sabes cuántas veces Dios trata de llamar nuestra atención y ni siquiera nos damos cuenta? ¿Por qué tener que esperar a vivir pérdidas para valorar lo que tenemos?

«Hay tiempo para todo», dice la Biblia en el libro de Eclesiastés. Decirle adiós a mi mamá en su funeral ha sido una de las más duras vivencias que he experimentado, pero también una de las que más me han enseñado. No quiero tener que decir adiós sin haber valorado mi presente, mi hoy. El Padre nos da oportunidades diarias para valorar lo que tenemos, lo que Él nos da.

Hoy… abraza lo que tienes, abraza a quien tienes y abraza lo que hay en ti. No desperdicies ni un segundo de todo lo que rodea tu vida.

Hoy es tiempo de valorar, honrar, agradecer y amar.

Vilmarie